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Según información del BCE, el año pasado se utilizaron los casi 80 millones de tarjetas de crédito que hay en circulación en nuestro país para retirar un 3,5% más de dinero de los cajeros que en el año anterior.

 

Países como Suecia, que han aplicado políticas de eliminación del dinero en efectivo, se ven ahora con problemas, al no estar cierta parte de la población preparada para el uso de los nuevos métodos de pago. El dinero en efectivo tal y como lo entendemos, a corto plazo no va a desaparecer.

 

La digitalización ha propiciado un cambio drástico en los medios de pago, con nuevas modalidades que incrementan su uso constantemente, algo que satisface las expectativas de un cliente que cada vez desea realizar las operaciones con mayor seguridad y en menor tiempo.

 

En el escenario actúa, desde Bruselas se empuja la banca europea a actuar si no quiere quedarse rezagada frente a los operadores internacionales como pueden ser PayPal, Apple, Google, o incluso Amazon.

 

Un ejemplo de estas políticas de alianzas entre operadores la tenemos en el éxito de la plataforma Bizum en España, que ha conseguido unir a la banca para crear una sociedad que gestione la plataforma que servirá para realizar pequeños pagos entre usuarios a través del móvil, permitiendo operaciones entre 50 céntimos y 500 euros.

 

Para gestionar este servicio, los bancos han creado la “Sociedad de Procedimientos de Pagos” siendo Caixabank principal accionista con un 22,9% de capital, seguido por el BBVA y Santander con un 15,9% y un 13,6% respectivamente.

 

Aun cuando el pago digital será el futuro, las tarjetas han sabido adaptarse, generando valor al permitir su integración en los “Wallets”, Visa y MasterCard hacen posible un uso global, aunque existe un “pero”. El proceso de compra electrónica ha de ser sencilla y rápida, cómodo para el usuario, ya que en muchos casos se compra por impulso, y en esto Paypal gana por goleada, al simplificar al mínimo la compra y aportar su política de protección al comprador.

 

Este último aspecto es clave. La seguridad en el proceso de compra.

 

Todos los días aparecen noticias con nuevos usos de tecnologías como los sistemas distribuidos de datos, en los que se basa el conocido Blockchain, y que almacenan en orden cronológico y secuencial la historia completa de todas las transacciones que se han ejecutado.

 

El desarrollo de este tipo de sistemas, suponen un desafío normativo en el ámbito de la protección de datos para las empresas que los utilicen, al estar relacionados con el Reglamento vigente de Parlamento y Consejo Europeo. Se puede interpretar que esta información es un dato personal dado que puede llevar a identificar a una persona, aunque no esté directamente identificada, siendo además imposible la identificación del responsable del tratamiento estos datos personales que circulan en las cadenas de bloques, por descentralización en el almacenamiento de la información.

 

Además, según la actual ley de protección de datos, los datos personales solo deben mantenerse durante un periodo no superior al necesario para los fines por los cuales se recogen, algo diametralmente opuesto a la filosofía que está detrás del Blockchain y su inalterabilidad.